El Blog de Adán Moctezuma

Economía de Candil
Artículos de Opinión

Sartori, Pueblo y Poder

28 febrero, 2012

En el capitulo II el autor da seis definiciones posibles del pueblo, como soberano, y solo una le parece operativa, la del principio de mayoría limitada por los derechos de la minoría.

El pueblo como todos .- Acepción intuitiva debido a la limitada participación de la totalidad de una sociedad que excluye a menores, incapacitados y criminales.

El pueblo como pluralidad aproximada.- Nunca se puede establecer cuantos son los ‘más’

El pueblo como populacho El autor objeta delimitar al pueblo como la integración de las clases inferiores o la llamada versión marxista del proletariado.

El pueblo como totalidad orgánica el individuo se funde en el espíritu del pueblo, una versión romántica que lleva a legitimar en totalitarismo-

El pueblo como principio mayoritario absoluto Los más que cuentan como todo, y los menos que cuentan como nadie.

El pueblo como principio mayoritario moderado Los más que cuentan como todo, y los menos que cuentan como nadie pero con respeto hacia ellos.

El pueblo contemporáneo se caracteriza por su atomización, debida al desarraigo histórico tanto como geográfico. Esas masas son pronas al “miedo a la libertad” (Fromm), al apoyo al autoritarismo o incluso al totalitarismo. Ello muestra que la significación del concepto de pueblo cambia con las evoluciones históricas

 

La democracia vertical

En principio, la democracia junto a la opinión pública reclaman una dimensión horizontal que se torna vertical a la hora de ejercer el gobierno.

Bajo ésta lógica, lo horizontal representa el anarquismo.

El autor parte de la base que si la democracia es el mando de la mayoría, debería de mandar la mayoría lo que supone un proceso de organización en el que forzosamente exige por situación de posiciones, que el mando se ejerza no en las mayorías sino en una minoría de funcionarios.

Al abordar el tema de la tiranía de la mayoría Sartori define tres contextos en los cuales ésta situación puede analizarse.

Y ésos contextos con el Constitucional donde la mayoría no debe ser absoluta porque  los derechos de las minorías tienen que ser garantizados; en el ámbito electoral donde si bien la regla de la mayoría prevalece, no se puede hablar de tiranía de aquella; al nivel social la mayoría no debe justificar lo temido por Tocqueville (la tiranía de la mayoría), pero esta tiranía no es posible si la mayoría se limite a su ser matemática, y no substancial.

Un tercer apartado, analiza el valor selectivo del proceso de elección en la democracia, al recordar que Locke es quien establece el principio de que el derecho de las mayorías debería de prevalecer sobre las minorías y no como hasta entonces que había prevalecido la unanimidad.

El autor hace un repaso del origen de las elecciones y detalla que es en los monjes de la edad media quienes tenían que elegir a sus superiores sonde se gestan éstos procesos y no en los griegos como hasta ahora lo conocíamos nosotros.

Con Locke el derecho de las mayorías se inserta en el sistema constitucional que lo disciplina y lo controla.

Al respecto, delimita los alcances de las mayorías al remembrar a Jefferson en Estados Unidos que establece que para que se haga la voluntad de las mayorías, ésa voluntad debe ser razonable, apelando a la sensatez.

Sartori piense que este estatuto de instrumento a desaparecido, y la noción de mayoría ha adquirido un valor propia que no merece. Lo que hace posible y aun legítimo la “mala selección” de los decidores.

En referencia, aborda el pensamiento de John Stuart Mill quien advierte que el valor de las decisiones va perdiendo terreno frente al principio mayoritario.

En un cuarto apartado, Sartori analiza a las minorías que han constituido las élites al establecer una delimitación específica de alcances del concepto de clase política más allá de los conceptos de las élites gobernantes, las clases dirigentes.

Sartori incorpora el concepto de las minorías de control quienes ejercen un poder de control sobre un universo de potenciales controlados bajo la lógica de que en las democracia los grupos de control político son elegidos.

Ésta elección lleva implícito un criterio adicional que es el de la meritocracia.

La selección mediante elección tiene que permitir la elección de esta elite, que en principio de Pareto se vuelven inoperante cuando dejan de dar resultados.

 

En la fase 5 del capitulo, Sartori abunda en las contradicciones entre la teoría de Dahl y Caetano Mosca quien establece que la democracia es gestionadas por las minorías en la lógica de la división entre gobernantes y gobernados, es decir que en poder siempre hay una minoría, es decir oligarquías según la dinámica que establecieron los griegos.

Dahl afirma a contrario que le democracia se basa sobre la difusión del poder, que el poder se revela cuando una decisión es controvertida.

Sartori plantea que en las democracias, el liderazgo (poder en el sentido débil) es ejercido por varias elites, grupos de ideas en particular.

En el apartado que aborda la ley de hierro de la oligarquía de Michels plantea que la democracia es imposible, porque toda organización tiende a adoptar mecanismos oligárquicos.

Sartori a su vez muestra que lo que pasa en cada organización puede no influir la situación del sistema político entero. La democracia no es una suma estática de las organizaciones que la componen sino que es producto de sus La democracia existe fuera de las estructuras.

Referente a la teoría competitiva de la democracia, el autor establece que las elecciones competitivas son un medio para producir democracia, según lo establece el padre de éste modelo Shumpeter quien se refiere a la selección de líderes que van a actuar en los intereses del pueblo debido a que la lucha competitiva, provoca respuesta a las demandas de la sociedad.

Eso es tanto más así que las elecciones son cíclicas, y que los gobernantes tienen que anticipar las consecuencias electorales de sus políticas. Sartori llama eso la retroacción y define democracia como el mecanismo que genera una poliaqruía abierta cuya competencia en el mercado electoral atribuye poder al pueblo y específicamente impone una receptividad de los elegidos respecto a sus electores.

En la crítica Antielitisca Sartori sostiene las elites son necesarias y útiles a la democracia y refiere la tesis de Shumpeter en el sentido  de su teoría participacionista que sostiene el ataque antielitista se convierte en la teoría clásica al referir al ideal democrático y muestra que no existe una teoría participativa alternativa a la de la democracia como competición de las elites no obstante reconocer que la teoría competitiva sólo es descriptiva, y que hay que añadir algo prescriptivo, pero preciso y operativo.

El idealismo democrático de hoy en el apartado de la Poliarquía selectiva establece que si bien la libertad política puede concebirse como el valor de la estructura vertical. La libertad política se ha convertido en un ideal realizado mientras la igualdad sigue siendo un ideal aun pendiente de llevar a la práctica.

Sartori defiende normativamente el principio de selección de los mejores mediante elecciones competitivas. Insista en lo que el peligro mayor de la actualidad no es el gobierno autocrático de uno sino la demagogia y el malo gobierno, con falta de liderazgo.

Finalmente mantiene su concepción sobre la democracia con los tres términos que la soportan que son elección, selección y élites, en consecuencia si la democracia es descriptivamente una poliarquía electiva; en su carácter descriptiva debería ser una poliarquía selectiva, es decir una meritocracia electiva.

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